29 jun 2015
25 jun 2015
23 jun 2015
Cosas que pasan...cuando no las espero.
El frío recorría todo mi cuerpo, bien adentro mío lo tenía, clavado en el pecho. Me frotaba las manos para sentirlas, miraba al semáforo cambiar de color, buscando una señal. Seguí caminando contra el viento frio escuchando mi música, ironicamente el tema se llamaba "my love is winter". Caminaba y caminaba disfrutando del frío, de la canción, de no pensar. Hasta que apareció ella, llamemosla Violeta. Violeta era una chica que conocí hace años, muchos años, cuando realmente lo único que me importaba era ir a un recital el sábado. Me la cruce, me cruzó, nos cruzamos de casualidad o porque el destino, karma o lo que sea así lo quiso. Demoramos en reconocernos en esa esquina mientras esperábamos que el semáforo cambie. Nos saludámos tímidamente, caminamos unos pasos y acto seguido me invitó a tomar un café. Accedi de inmediato pues todavía seguía con el alma congelada. Entramos a un café en san telmo al que siempre quise entrar y nunca tuve la oportunidad. Lo que más me llamó la atención fue que entró ella primero al grito de " siempre quise venir". Nos sentamos en una mesa redonda, en una esquina, enfrentados. El lugar tiene una calidez estupenda, se ven los autos pasar, las combis que tomo y el reflejo del mcodnalds. Ahi adentro me llamó todo la atención. Incluso ella. Seguía siendo la misma de siempre, pero había cambiado. Que idiota! Como no iba a cambiar después de tantos años?. Pedimos dos capuccinos y unas galletitas riquisimas. No paró de hablar un segundo, creo que paraba solamente para respirar y para que yo dijera algo, pero no me incomodó, porque cuando fue mi turno de hablar ella me escuchaba atentamente y no dejaba de mirarme incluso cuando tenía que tomar su capuccino. El tiempo pasaba despacio y el sonido ambiente era justo y necesario en ese momento. Viste como pasa en las películas? Esta vez fue igual. Se levantó para ir al baño, la espere mirando por la ventana, pensando absolutamente en nada. Volvió, yo quería que volviera, había empezado a extrañarla. Al acercarse a la mesa me dijo "que frío hacia en el baño. Te extrañé" mientras se agachaba para besarme. Su beso fue húmedo, fue caliente, con gusto a frutilla, como si estuviera besándome una barra de chocolate cadbury rellena de frutilla. Curiosamente ella me regalaba esas barras. Se sentó encima mío y no escuche más nada, ni siquiera a los del bar que exclamaron algo después de pasados cinco minutos. Ahora vuelvo a mi hogar, con una sonrisa, un perfume y gusto a frutilla.