un guerrero de metal y no de plástico
gigante, real y algo apocalíptico
me equivoco mucho, no sufro escarmiento
pero eso no logra matar mi sentimiento
la palabras me golpean como la realidad
a pesar de todo yo no perdí mi identidad
mi estado mental nunca va a caer
aunque me caiga y falle no pienso retroceder
nací para vivir, ser libre y gritar
tus palabras que son balas no me van a callar
como apagas la furia del volcan?
ni un millon de litros lo apagarán.
28 sept 2017
20 sept 2017
Si cae la tormenta, se bien donde pararme.
Si me golpea la tormenta, se donde puedo refugiarme.
Pero en esta cantidad de agua, no me encuentro.
Tambaleo, me mareo y caigo al suelo.
Lo fuerte del golpe no va a derrotarme
Esto ya es inevitable, es hora de re armarme.
Aunque sea difícil, aunque no encuentre mi centro
Me concentro, respiro y suelto mi voz al cielo.
Preguntas sin respuesta, malditos silencios
Por cada lagrima derramada al suelo
A pena de muerte te sentencio
Nunca voy a dejar de decir lo que pienso.
Esta nebulosa que golpea y golpea
me hacen querer dejar la tierra
Irme a otro planeta donde nada me duela
Respirar bien fuerte y que todos los días sean de fiesta.
10 ago 2017
Los sin códigos
Me encuentro en un momento de mi vida donde los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Casualidad que tenga cinco dedos? O será casualidad que ellos sean cinco?.
Con el primero somos parecidos, nos gustan las mismas cosas, aunque el tiene una habilidad con la pluma que yo no tengo y envidio. Siempre es sincero y sabe hacerte reir.
El segundo que conocí es mi antitesis, mi nemesis, lo quiero y lo detesto por la misma razón. Te desborda con su energía, es avallasante, sofocante, asfixiante, rompe huevos, pero con un corazon enorme, casi tan enorme como el.
Mi tercer amigo vino junto con el segundo y al principio me los confundía. Con el tiempo me di cuenta que es un hombre con un temple, una fortaleza enorme. Nobleza obliga hay que decirlo, tiene unos huevos enormes. Lo admiro.
El cuarto apareció por medio del alcohol, aun no compartimos ninguna copa juntos, pero sabe como hacerte sentir bien, es una persona que no tiene maldad alguna y bien merecido tiene todo lo que le sucede.
Mi quinto y no por ser el ultimo es el menos importante, es el distinto, tiene calidad que adquirió con la experiencia, somos casi colegas y tiene una visión de la vida que comparto. Es realmente grato hablar con el.
Sé que ellos aparecieron en mi vida por alguna razón y de cada uno aprendí y aprendo cada día algo nuevo y no hay nada mas lindo que rascarse juntos cuando la sarna pica. Son los cinco...Los Sin Códigos.
Con el primero somos parecidos, nos gustan las mismas cosas, aunque el tiene una habilidad con la pluma que yo no tengo y envidio. Siempre es sincero y sabe hacerte reir.
El segundo que conocí es mi antitesis, mi nemesis, lo quiero y lo detesto por la misma razón. Te desborda con su energía, es avallasante, sofocante, asfixiante, rompe huevos, pero con un corazon enorme, casi tan enorme como el.
Mi tercer amigo vino junto con el segundo y al principio me los confundía. Con el tiempo me di cuenta que es un hombre con un temple, una fortaleza enorme. Nobleza obliga hay que decirlo, tiene unos huevos enormes. Lo admiro.
El cuarto apareció por medio del alcohol, aun no compartimos ninguna copa juntos, pero sabe como hacerte sentir bien, es una persona que no tiene maldad alguna y bien merecido tiene todo lo que le sucede.
Mi quinto y no por ser el ultimo es el menos importante, es el distinto, tiene calidad que adquirió con la experiencia, somos casi colegas y tiene una visión de la vida que comparto. Es realmente grato hablar con el.
Sé que ellos aparecieron en mi vida por alguna razón y de cada uno aprendí y aprendo cada día algo nuevo y no hay nada mas lindo que rascarse juntos cuando la sarna pica. Son los cinco...Los Sin Códigos.
18 jul 2017
Día de furia
Recuerdo que era Diciembre y hacía mucho calor. Esperaba al tren en la estación, llevaba mi mochila, con un cuaderno, un resumen y una birome mientras que mis auriculares explotaban mis oídos anulando todo ruido exterior, así que era feliz. Estaba muy feliz.
De repente llega un tren vacío, no podía creer mi suerte. Nada podía salir mal creía. Y eso fue lo que hice mal, creer que nada podía salir mal. De hecho salió todo mal a partir de ese momento y les explicaré porque.
Subo al tren, me siento, recuerden que mis auriculares anulaban todo ruido. En eso veo algo extraño, veo subir 2 gendarmes, y veo que sus labios se mueven, pero los ignoro, sigo mirando por la ventana pretendiendo no existir. Se pararon a mi lado y ahí no quedo otra que volver a la realidad. "acompáñenos", a lo que respondo "que pasó? algún problema?" y ahí, justo en ese momento el tono de uno de ellos cambió radicalmente "bajate del tren no te hagas el gracioso, ahora nos vas a explicar porque estas golpeando el tren". Mi cara de desconcierto fue tan grande que hasta ellos se miraron extrañados. No sabia que sentir, si miedo, bronca, incertidumbre eso seguro que si.
Mientras me bajaban me decían cosas que no logro recordar porque mi mente se apagó, solo quería irme. Solo pensaba en llegar a rendir mi final.
Revisaron mi mochila, la billetera y me preguntaron a donde iba. Me desearon buena suerte y me largaron, a todo esto pasaron solamente 10 minutos, aunque para mi fueron horas.
Revisaron mi mochila, la billetera y me preguntaron a donde iba. Me desearon buena suerte y me largaron, a todo esto pasaron solamente 10 minutos, aunque para mi fueron horas.
Subo al siguiente tren, obviamente lleno, por una de esas cosas del universo, me queda un asiento y procedo al ritual de siempre, mirar que no haya nadie con chicos ni gente mayor para luego después sentarme, saque mi resumen nuevamente y cuando me disponía a repasar, aunque realmente no se porque siempre hago lo mismo, creo que es para sacarme los nervios porque nunca termino leyendo nada del resumen, una chica que se llamaba Olga y le gustaba la historia me empieza a hablar de tatuajes, de que se había querido suicidar 3 veces pero nunca lo logró estaba claro, que se había separado 4 veces y ahora estaba intentándolo de nuevo con su novio, aunque prefería estar sola me dijo que lo necesitaba y por eso volvía. En ese momento no podía importarme menos su calvario personal que me limité solo a mirarla y a responderle monosílabos. Estuvo hablando media hora hasta que en un momento me dice "nunca me anime a tatuarme los brazos" y lo siguiente que le respondí juro que fue en piloto automático y sin pensarlo, "no te animas a tatuarte los brazos, pero para cortarte las venas 3 veces no tuviste problema alguno". Silencio incomodo, mirada fija. Llega el tren a la siguiente estación, se levanta y desaparece. Me sentí pésimo el resto del viaje pensando en que podría haber dicho otra cosa o seguir con mi mirada de poca importancia y mis respuestas cortas, Quizás ella solo necesitaba hablar con alguien y vio en mi alguien con quien charlar un rato y escapar de su infierno unos minutos.
Llega el tren a la ultima estación, me dispongo a bajar, pero todos sabemos bien que nadie espera a que nadie baje de ningún tren, subte o colectivo. Una mezcla de masa humana de muchos colores, sudorosa, cansada y de mal humor se agolpaba del otro lado del vidrio solo para conseguir el tan preciado asiento. Somos animales después de todo y esto lo confirmaba.
La mezcla de culpa, calentura, mal estar y odio por el mundo entero hizo que me pegue a la puerta y salir revoleando manos y puteadas al aire esperando y rogando que alguna mano alcanzara a algún hombre y pueda descargar mi furia en el pero no tuve suerte.
La mezcla de culpa, calentura, mal estar y odio por el mundo entero hizo que me pegue a la puerta y salir revoleando manos y puteadas al aire esperando y rogando que alguna mano alcanzara a algún hombre y pueda descargar mi furia en el pero no tuve suerte.
Con mi música extremadamente fuerte llegué a la facultad, subo las escaleras preparándome mentalmente para rendir, entro al aula con una mezcla de nervios y enojo, levanto la mirada y en la puerta había un cartel que decía "POR AUSENCIA DEL PROFESOR, EL FINAL SE PASARÁ PARA LA SEMANA QUE VIENE".
Ahora me encuentro sentado en la puerta de la facultad esperando encontrar a alguien conocido ya que perdí mi billetera y no tengo plata para volver a casa.
Ahora me encuentro sentado en la puerta de la facultad esperando encontrar a alguien conocido ya que perdí mi billetera y no tengo plata para volver a casa.
17 jul 2017
Adiós y buena suerte
Después de un largo día de trabajo solo quería llegar a su casa y ponerse a viciar como de costumbre. Estuvo pensando todo el camino de vuelta en lo que iba a hacer en el jueguito, comprar una espada o un arco?. Que dilema. Quizás debería comprar ambas, no lo había decidido.
El comedor estaba oscuro, la única luz que había provenía del televisor. A su mama le gustaba estar a oscuras. Entró, la saludó con un beso y se dispuso a subir las escaleras pensando en su juego. Pero no. "Tengo algo que contarte, no te vayas" le gritó y se detuvo en seco.
"Tu papa está internado, no se bien que le pasó..." empezó a decir, esas palabras cayeron sobre el como un mazazo en la cabeza. Subió a un taxi, bajó corriendo para entrar al hospital, empujó muchas puertas hasta que encontró la suya. Era obvio que esa era su puerta, era su voz, eran sus gritos. La cruzó y lo vio tirado en una cama con 2 enfermeras encima tratando de sujetarle los brazos, esos colosos que lo rodeaban entero cuando era chico y en los cuales siempre se sintió invencible.
Apenas entró arrojó su campera al piso y se tiró encima del otro para ayudar a la enfermeras. Entre tanto forcejeo sus miradas se cruzaron durante un segundo, esos que parecen eternos y se buscaron en lo oscuro y húmedos de sus ojos.
Todo se cortó con el grito del joven "Acá estoy Papá, reaccioná" y la última frase que escuchó de su padre fue llamar a su Mamá a gritos para lugar dormirse.
Salió de la habitación rápido, enojado con el mundo, la vida, dios y el mismo. Lloró hasta que el cansancio lo venció y se quedo dormido en una silla del hospital.
Volvió a su casa a bañarse, comer algo y tratar de procesar la noticia. En el fondo sabia que ya se habían despedido, aunque como en la mayoría de los casos, cuesta soltar.
Regresó al trabajo un jueves, no había novedades, su calma pendía de un hilo y cualquier recuerdo que se le cruzara por delante hacía humedecer sus ojos con facilidad.
Sonó el teléfono, era su mamá, sabia que no eran buenas noticias. Tardó en atender por miedo, se paralizó por completo, solo alcanzó a apretar un botón y escuchar "anda al hospital, no pasa de este día". Y no lo hizo.
Llegó al hospital pasado el mediodía, el taxi se demoro mucho por los innumerables cortes en la ciudad, todo pasaba lento, como si nadie estuviera apurado en llegar a ningún lado excepto el. La escena del taxi se repetía, bajar corriendo, empujar puertas, pero esta vez los gritos habían cesado y la habitación de días anteriores estaba vacía. Ese gigante de mas de dos metros, fuerte y ancho como un roble había quedado reducido a un viejo, malherido y consumido ser lleno de tubos; y rodeado de maquinas que lo mantenían vivo.
Las horas pasaron y la cruda noticia fue dada por los doctores el mismo Jueves a las 19:02.
Lloró, lloró fuerte, gritó y bajó corriendo tantas escaleras que terminó en el subsuelo del hospital, un lugar abandonado, cuna de la humedad del mundo y cementerio de camillas, ropa sucia y muebles que no se usaban mas comidos por el oxido y el abandono.
Se fue solo del hospital, no quería ver a nadie.
Mientras llevaba su cajón, en un día gris adornado por una trompeta con su famoso toque de silencio de fondo, recordé que ambos nacimos un jueves y mi padre murió el mismo día.
Quizás ese día también morí un poquito.
El comedor estaba oscuro, la única luz que había provenía del televisor. A su mama le gustaba estar a oscuras. Entró, la saludó con un beso y se dispuso a subir las escaleras pensando en su juego. Pero no. "Tengo algo que contarte, no te vayas" le gritó y se detuvo en seco.
"Tu papa está internado, no se bien que le pasó..." empezó a decir, esas palabras cayeron sobre el como un mazazo en la cabeza. Subió a un taxi, bajó corriendo para entrar al hospital, empujó muchas puertas hasta que encontró la suya. Era obvio que esa era su puerta, era su voz, eran sus gritos. La cruzó y lo vio tirado en una cama con 2 enfermeras encima tratando de sujetarle los brazos, esos colosos que lo rodeaban entero cuando era chico y en los cuales siempre se sintió invencible.
Apenas entró arrojó su campera al piso y se tiró encima del otro para ayudar a la enfermeras. Entre tanto forcejeo sus miradas se cruzaron durante un segundo, esos que parecen eternos y se buscaron en lo oscuro y húmedos de sus ojos.
Todo se cortó con el grito del joven "Acá estoy Papá, reaccioná" y la última frase que escuchó de su padre fue llamar a su Mamá a gritos para lugar dormirse.
Salió de la habitación rápido, enojado con el mundo, la vida, dios y el mismo. Lloró hasta que el cansancio lo venció y se quedo dormido en una silla del hospital.
Volvió a su casa a bañarse, comer algo y tratar de procesar la noticia. En el fondo sabia que ya se habían despedido, aunque como en la mayoría de los casos, cuesta soltar.
Regresó al trabajo un jueves, no había novedades, su calma pendía de un hilo y cualquier recuerdo que se le cruzara por delante hacía humedecer sus ojos con facilidad.
Sonó el teléfono, era su mamá, sabia que no eran buenas noticias. Tardó en atender por miedo, se paralizó por completo, solo alcanzó a apretar un botón y escuchar "anda al hospital, no pasa de este día". Y no lo hizo.
Llegó al hospital pasado el mediodía, el taxi se demoro mucho por los innumerables cortes en la ciudad, todo pasaba lento, como si nadie estuviera apurado en llegar a ningún lado excepto el. La escena del taxi se repetía, bajar corriendo, empujar puertas, pero esta vez los gritos habían cesado y la habitación de días anteriores estaba vacía. Ese gigante de mas de dos metros, fuerte y ancho como un roble había quedado reducido a un viejo, malherido y consumido ser lleno de tubos; y rodeado de maquinas que lo mantenían vivo.
Las horas pasaron y la cruda noticia fue dada por los doctores el mismo Jueves a las 19:02.
Lloró, lloró fuerte, gritó y bajó corriendo tantas escaleras que terminó en el subsuelo del hospital, un lugar abandonado, cuna de la humedad del mundo y cementerio de camillas, ropa sucia y muebles que no se usaban mas comidos por el oxido y el abandono.
Se fue solo del hospital, no quería ver a nadie.
Mientras llevaba su cajón, en un día gris adornado por una trompeta con su famoso toque de silencio de fondo, recordé que ambos nacimos un jueves y mi padre murió el mismo día.
Quizás ese día también morí un poquito.
14 jul 2017
Hay cosas que tengo que aprender todavía, momentos donde callarme, donde gritar, anotarme las cosas y dejar que mi garganta explote ante una injusticia.
Hay cosas que tengo que aprender todavia, a hablar cuando sea necesario, expresarme sin ninguna otra razon mas que el de no dejar que las palabras me carcoman los huesos.
Hay cosas que tengo que aprender todavia, sé que tengo mucho que aprender aún.
Hay cosas que tengo que aprender todavia, a hablar cuando sea necesario, expresarme sin ninguna otra razon mas que el de no dejar que las palabras me carcoman los huesos.
Hay cosas que tengo que aprender todavia, sé que tengo mucho que aprender aún.
1 jun 2017
Admirar los cambios y las situaciones vividas, en el presente, nunca fue mi fuerte, mas bien siempre me encargué de poder admirarlas ya pasado un tiempo prudencial donde dichas situaciones no generan mas daño y si todavía queda un algún resabio perdido en algún rincón, poder activar un escudo irónico que pueda salvarme de casi todo. Aunque no siempre funciona y no siempre termina saliendo como hubiese querido. Esta no es la excepción.
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