Las cosas terminaron mal y nunca supe la razón. Siempre voy a recordar ese primero de enero, era viernes, hacía calor y yo estaba tirada en la cama escuchando de forma loopeada alguna cancion. Recuerdo que golpeó mi puerta, entró y le dije claramente que queria estar sola, que no era ella, que no era yo, que no era nadie en particular y todo en general, que solo quería pasar un fin de semana con mis amigas. Claramente mis palabras estallaron en su cara como si hubiese detonado una gran cantidad de C4 frente a el.. Despues de decir eso me arrepentí, pero no porque no lo quisiera, sino por su reacción, que fue claramente lo clásico, eso que pasa casi siempre, eso que se ve en las peliculas. El llanto, las preguntas sin respuestas, los silencios incomodos, un adiós y la frase que iba a quedar inmortalizada en mi durante mucho tiempo: "nunca vas a encontrar a alguien que te ame como lo hago yo en toda tu puta vida". Cerró la puerta y se fue.
Me bañé,llore, me cambié y salí. Necesitaba aire fresco para pensar o quizás para no pensar. Caminé unas cuadras hasta llegar a una pizzería,generalmente es lo que hacen las personas en estas situaciones. Comen o salen a caminar. Yo decidí hacer ambas. Tenia hambre o quizás fue angustia. Pedí lo de siempre, dos porciones de muzzarella, dos de faina y una cerveza. Al cabo de una hora, terminé con todo, pagué y volví caminando a mi casa. Volví a mi casa como si fuera un zombie, caminando despacio, intentaba procesar lo que había pasado, arrepintiéndome y reafirmando que lo que había hecho era lo mejor para mi en ese momento. Los días pasaron lento, la rutina se acentuó aún mas y encima el calor que no paraba. Llegar a mi casa y tirarme en la cama era lo mejor que me podía pasar, mis días eran así constantemente, incluso sábados y domingos.
Me bañé,llore, me cambié y salí. Necesitaba aire fresco para pensar o quizás para no pensar. Caminé unas cuadras hasta llegar a una pizzería,generalmente es lo que hacen las personas en estas situaciones. Comen o salen a caminar. Yo decidí hacer ambas. Tenia hambre o quizás fue angustia. Pedí lo de siempre, dos porciones de muzzarella, dos de faina y una cerveza. Al cabo de una hora, terminé con todo, pagué y volví caminando a mi casa. Volví a mi casa como si fuera un zombie, caminando despacio, intentaba procesar lo que había pasado, arrepintiéndome y reafirmando que lo que había hecho era lo mejor para mi en ese momento. Los días pasaron lento, la rutina se acentuó aún mas y encima el calor que no paraba. Llegar a mi casa y tirarme en la cama era lo mejor que me podía pasar, mis días eran así constantemente, incluso sábados y domingos.
Un sábado me dieron una carta. No me animé a leerla de inmediato, dudé si quemarla, romperla sin leerla, pero la intriga me ganó y decidí hacerlo sentada en una esquina del barrio. La leí de arriba a abajo, de izquierda a derecha y viceversa. La leí, releí y memoricé. Esas palabras quedaron grabadas en mi por mucho tiempo. A medida que avanzaba, mi ser se estrujaba, mis lágrimas caían, me secaba los ojos para poder terminar de leerla, la gente pasaba, me observaba sin decir nada y yo seguía ahí, leyendo la carta, inmóvil, inmutable, con el sol quemandome por fuera, con la bronca, frustración y esos estados por los que uno pasa en este tipo de situaciones, gran confusión y fastidio. Terminé la carta y fue como liberarme. Asi me despedí de el, así el se despidió de mí. Así fue su despedida de papel y se que eso es algo que jamás voy a olvidar.