19 dic 2014
Encuentro
Como cada diciembre 13 se despertó callado, sereno. Desayunó mirando la tele, leyendo el diario. Como cada diciembre 13 intentó no recordar nada de ese día tantos años atras. Se bañó, se vistió y salió a la calle en busca de algo que los distrajera. Caminó tanto hasta que se hizo de noche. Encontró una plaza y luego se sentó. Estaba cansado de caminar, cansado de escaparse, ya era el momento de dejarse atrapar por la angustia, por el dolor, por los sentimientos que tanto tiempo ocultó, siempre fingiendo una sonrisa para que todo el mundo vea que el estaba bien, que era normal, que era igual que el resto. El mismo no se aceptaba, no aceptaba sus sentimientos. Se volvía menos humano. Eso era lo que lo diferenciaba del resto, su cosa única. Mientras estaba sentado mirando el suelo se acercó una mujer, le preguntó el porque de sus lagrimas, insistió tanto que le contó toda su vida, todas sus victorias y sus fracasos, sus alegrias y sus tristezas. Pasaban las horas y ahí seguían los dos, hablando de sus vida. Las horas seguían pasando y su alma volvía a tomar color. Se despiden con un beso. El se va caminando despacio, como si no quisiera irse, se va recordando esas horas donde realmente encontró no pensar, solo sentir y sentirse bien. Gracias a ella.
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