17 dic 2014
Paciencia
Me gusta esperarte, siempre traes tu sonrisa como un regalo de cumpleaños. Yo creía que no sabía esperar, que para mí el amor, era una sopa instantánea, una abuela en sobrecitos. Pero no, nada me gusta más que haber aprendido a esperar. Cuando me dijiste que tu signo del zodíaco te obligaba a dar el amor en cuotas, pensé que no iba a poder con mi ansiedad; quería todo ya: dormir con vos, amanecer con vos, pasear, visitar amigos, mirar fotos, contarnos los viajes y, sobre todo, bañarnos juntos en las aguas del futuro.
Lo que más me enamoró de vos es que me enseñaste que la paciencia es un acto de amor. Que tener paciencia es estar seguro de mí mismo. Aprendí a vivir si el tormento de la incertidumbre, ni la mentira de la mala suerte. Ahora entiendo cuando me decías que yo tenía una forma muy occidental de pensar los vínculos. Que era un glotón de momentos lindos. Tener paciencia me enseñó a entender que un vínculo amoroso es una construcción y no una casa pre fabricada.
Aprendí que los ojos no mienten, que mi paciencia se alimenta de tu mirada, que a mi ansiedad la calma tu compromiso y que ya no tengo miedo. Si, ya no me importa si esto algún día se termina.
Si viniera un dinosaurio y te comiera, yo me pondría un poco triste. Pero igual estaría feliz por todo lo que vivimos hasta acá. Tengo la sensación que esto ya está bueno así. Sé que lo que aprendimos nos va a durar toda la vida más allá de que sigamos juntos.
Al final, el secreto estaba en saber esperar, y acá estoy yo, esperandote.
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