15 mar 2015

Lo prometido es deuda.

Aparecen en la noche, como cualquier otra noche. Aparecen en cualquier lugar, sin previo aviso, sin ninguna notificación, sin ninguna pista. Saben que la noche va a ser distinta. Son rebeldes. Se causan rebelión. Se rebelan contra ellos mismos, se pierden en sus ojos y sostienen la mirada, sonríen y siguen mirandose. Disimulan. Observan algo al pasar, como para distraerse aunque sea un rato. Se divierten con las luces, con los aromas, la barrera del tacto se rompe y eso es emocionante. Saben bien que es algo de ellos.
Desean convertirse en fantasmas, andar por la vida flotando en un mar de olvido y sin amarguras. Irremediablemente confuso, sin entender nada de nada. Estar y no estar. Se convierten en actores de su propia vida, pero son papeles secundarios. No por eso son menos importantes.
Se presentan de un momento a otro, la vida fluye y siguen presentandose, la vida sigue y siguen presentandose. Eternos. Las emociones son las mismas de aquel momento donde todo se iba a transformar en algo confuso, calor, sudor y palabras. Son tan importantes, casi como aquellas que no se dicen. Yo creo que no hace falta que se diga mas nada.



 Primera Parte.

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