Aparecen en la noche, como cualquier otra noche. Aparecen en cualquier lugar, sin previo aviso, sin ninguna notificación, sin ninguna pista. Saben que la noche va a ser distinta. Son rebeldes. Se causan rebelión. Se rebelan contra ellos mismos, se pierden en sus ojos y sostienen la mirada, sonríen y siguen mirandose. Disimulan. Observan algo al pasar, como para distraerse aunque sea un rato. Se divierten con las luces, con los aromas, la barrera del tacto se rompe y eso es emocionante. Saben bien que es algo de ellos.
Desean convertirse en fantasmas, andar por la vida flotando en un mar de olvido y sin amarguras. Irremediablemente confuso, sin entender nada de nada. Estar y no estar. Se convierten en actores de su propia vida, pero son papeles secundarios. No por eso son menos importantes.
Se presentan de un momento a otro, la vida fluye y siguen presentandose, la vida sigue y siguen presentandose. Eternos. Las emociones son las mismas de aquel momento donde todo se iba a transformar en algo confuso, calor, sudor y palabras. Son tan importantes, casi como aquellas que no se dicen. Yo creo que no hace falta que se diga mas nada.
Primera Parte.
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