1 abr 2015
Conexiones
Como cada domingo corría y corría, como si fuera un sabueso persiguiendo a su presa, como si su vida corriera peligro, como si escapara de algo. Se detuvo a mitad de camino, en su calle favorita. Era favorita porque tenía la medida exacta de luz, arboles, donde entre ellos se podia ver las estrellas, y la cantidad de coches llevada a cero. Se sentó en el cordón intentando recuperar la respiración, se quitó las zapatillas, buscó su celular para apagar la música y se recostó unos segundos intentando buscar la calma que tenía minutos atras, se le nublaba la vista, no quería seguir corriendo, deseaba ser atrapada de una vez por todas por ese sentimiento, esa sensación de estar en casa, esa sensación que te producen las cosas buenas, esa sensación que te produce que alguien te extraña aún mas de lo que vos extrañas. Se dejó atrapar, sonrió, hace rato que no lo hacía, y su interior se llenó de luz porque comprendió que aunque haga lo que haga, camino largo o corto, profundo, estrecho, oscuro, nunca iba a poder escaparsele. Y tampoco quería.
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