Dicen que cuando intentas escaparte de vos mismo y llegas a ese punto en el que no sos vos mismo, se te aparece esa extraña pareja llamada distancia y tiempo. Ellos actuaban de igual forma, como un dúo dinámico, como si fueran la pareja perfecta, capaz de mantenerlos alejados por años. La distancia era una dama sencilla y simple, no le gustaba llamar la atención, aunque tampoco le gustaba pasar desapercibida. Era graciosa, amable, te recordaba siempre los defectos y virtudes de la gente, totalmente neutral, ayudaba tanto a unos como a otros.
El tiempo era un hombre alto, de barba larga, usaba siempre su traje gris y un pañuelo. Se lo podía ver fumando en su pipa, esa que parecía eterna. El sabia exactamente lo que las personas anhelaban, como, donde y sobre todo cuando pasarían las cosas. La gente que lo encontraba disfrutaba de hablar con el, aunque cuando menos lo esperaban desaparecía y resultaba cierto eso que dicen de "cuando menos lo esperes, el tiempo se va". Era gentil y servicial cuando se trataba de ayudar a los demás, aunque muchas veces su presencia molestaba.
Esta perfecta pareja me enseñó una noche, ese noche en la que pretendía escaparme lo más lejos posible del mundo, que vaya donde vaya, no importa cuan largo sea el camino ni cuanto demore en cruzarlo, que lo importante no es el final, sino disfrutar del camino y aprender.
14 abr 2015
Tiempos de huida.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario