8 feb 2016

Caminaron porque así estaba escrito. Caminaron  sin rumbo, lo hicieron hasta cansarse, mojados por la lluvia que caía sobre ellos como una avalancha cae por culpa de la fuerza de gravedad. Con esa misma intensidad era su amor, y no porque sea intenso debía ser corto.
Caminaron, cruzando charcos, ríos y mares. Subieron y bajaron constantemente. Escucharon los sollozos de los murciélagos sobre sus cabezas, pero esas lágrimas no eran de tristeza, sino de felicidad al ver a esas dos almas tan vivas, tan en paz. Los observaron caminar, los siguieron por toda la ciudad alimentándose de ellos, nutriéndose.
Las horas pasaban y la situación no cambiaba, sus manos no se soltaban por nada, ni la lluvia, ni el frío, ni el miedo, ni nada existía en su mundo, sólo ellos.
Volvieron lamentándose en parte porque el final no fue el esperado, pero estos días fueron suyos desde siempre, ese día era suyo. Ya estaba escrito.

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