18 mar 2015

Mirar la pantalla, verte y sonreir.

17 mar 2015

Ayer me dijeron que seguro sufría de SPM. Y yo le respondí que era una conchuda. Eso.

16 mar 2015

Season 2

Recuerdo que me dijiste "me gustaría salir de acá, ir a la puerta o algo". No estuve rápido de reflejos, debería haberte sacado de allí en ese instante, ofrecerte un mejor plan que quedarse ahí, en ese rincón. Necesité respirar y me fui, salí, me escapé. El ambiente se estaba volviendo ideal, perfecto, la música de fondo no me importaba, la gente que pasaba no me importaba, hablabamos como automatas, teníamos sonrisas llenas de complicidad. Esa complicidad que se logra sin decir ni hacer nada, esa complicidad que se crea de la nada y de repente es un todo. Caminando, aturdido, me di cuenta que ya estaba lejos, estaba lejos de cualquier lugar, cerca de ningún lugar, oyendo coros en mi cabeza, escuchando ese absoluto silencio, solamente quebrado por mis pasos, busqué la música ideal para ese momento y no existía. Solo quedó mi mente, tu recuerdo, el aroma a cigarrillo y la sensación de que solo sea eso. Una sensación.

15 mar 2015

Lo prometido es deuda.

Aparecen en la noche, como cualquier otra noche. Aparecen en cualquier lugar, sin previo aviso, sin ninguna notificación, sin ninguna pista. Saben que la noche va a ser distinta. Son rebeldes. Se causan rebelión. Se rebelan contra ellos mismos, se pierden en sus ojos y sostienen la mirada, sonríen y siguen mirandose. Disimulan. Observan algo al pasar, como para distraerse aunque sea un rato. Se divierten con las luces, con los aromas, la barrera del tacto se rompe y eso es emocionante. Saben bien que es algo de ellos.
Desean convertirse en fantasmas, andar por la vida flotando en un mar de olvido y sin amarguras. Irremediablemente confuso, sin entender nada de nada. Estar y no estar. Se convierten en actores de su propia vida, pero son papeles secundarios. No por eso son menos importantes.
Se presentan de un momento a otro, la vida fluye y siguen presentandose, la vida sigue y siguen presentandose. Eternos. Las emociones son las mismas de aquel momento donde todo se iba a transformar en algo confuso, calor, sudor y palabras. Son tan importantes, casi como aquellas que no se dicen. Yo creo que no hace falta que se diga mas nada.



 Primera Parte.

11 mar 2015

Invisible o indiferente

Lo veo llegar caminando, lo observo desde mi ventana, entra a su casa, prende las luces, sus perros lo saludan. Lo veo salir a su parque, sentarse en su banco, prender su cigarrillo y escribir. Pasan diez minutos escribiendo y tira su cuaderno bien lejos, no quiere verlo, algo o alguien lo ofuscó. Consiguieron agotarlo, recordar viejas tristezas y transitar nuevos sentimientos. Se lo ve agotado, perdido. Sabe lo que tiene que hacer pero no lo hace, no le sale, no transmite seguridad como antes, no se ve en el reflejado a aquel hombre seguro de si mismo, el que siempre tenia la palabra justo, el acto justo, el que encontraba el momento justo siempre, casi como de casualidad.Se tira sobre el cesped mirando el cielo, con la expresion en su rostro como de quien no resiste el peso del mundo sobre si mismo, no aguanta mas y no sabe remediar su situación. Escribe para sentirse mejor pero sus ideas quieren salir todas al mismo tiempo y sus historias se mezclan, se entrelazan, como si fueran una sola. Se aturde. Sus sueños se vuelven aun mas confusos que su realidad, se vuelven insoportables, ya no le agrada soñar, sus pesadillas terminaron convirtiendose mejor que sus sueños. Recuerda los días que soñaba con un vestido cuadrille, con una mujer de espaldas, con aroma a jazmin. Tambien recuerda esos sueños con su abuela y su padre bajo aquel arbol enorme, largas charlas con su hermano caminando por aquella calle solitaria llenar de arboles, donde en verano no dejan pasar la luz del sol y donde en otoño, especialmente los dias nublados, el paisaje es hermoso. Busca recuerdos en su memoria, busca esas sensaciones unicas que le llenaron el alma de vida. Me quedé dormida. El ya no está. No lo volví a ver nunca mas. O quizás nunca existió.

10 mar 2015

Voy a cuidarte y proteger, llamarte por tu nombre, voy a meterte en una cajita de “tic tac” azules.

5 mar 2015

Pesadillas.

Sigo teniendo pesadillas, una y otra vez, cada vez son mas fuertes. No se que está pasandome, pero mis miedos se materializan en mis sueños. Arañas, gente muriendo, seres de otros mundos, situaciones extremedamente tensas e incomodas. Miedos. No se que está pasandome.

4 mar 2015

El tiempo

Como? cuando? donde?. Todas preguntas relativas al tiempo. Siempre decimos "el tiempo es valioso", "me gustaria tener mas tiempo", "no se puede volver el tiempo atrás". Que haríamos de distinto si pudieramos volver el tiempo atras?. Diríamos y haríamos todas esas cosas que no hicimos, no?. Ese es el pensamiento clásico. Nunca escuché a nadie decir "me gustaría volver el tiempo atras para volver a hacer lo mismo". El problema con el tiempo es que puede pasar rapido o lento, durar 1 segundo o durar días. Un día tiene 24 hs, pero puede durar años. Un instante puede durar lo que dura un suspiro o puede ser eterno como un nokia 1100. Pensandolo bien el problema realmente no es el tiempo, el problema lo tenemos nosotros que somos inconformistas de la vida, siempre pensando en que hubieramos hecho otra cosa y ahora, nuestro presente, sería totalmente distinto. Mientras estoy escribiendo esto pasan mil millones de cosas en el mundo, todas al mismo tiempo y pienso en las cosas que hubiera hecho distintas en mi vida. 1000.000.001

2 mar 2015

Amor y turbulencias es una pelicula mas del montón que deberías ver.

26 feb 2015

Cuando fué que empezamos a tenernos miedo? Cuando fué que no fuimos suficiente para el otro? Cuando fué el momento de todo se quebró?. Tres días de silencio necesité para acomodar todo en mi alma y entender porqué había tomado esa decisión, estaba a punto de lograrlo, a punto de recorrer todo el mundo hacia el otro extremo, ese extremo donde siempre te encontraste, para así estar por fín en el mismo lugar del planeta. Pero todo terminó antes de que pudiera comenzarlo. Pero que importancia tiene eso ahora no?. Llegué tarde. Como siempre.
Estas lista para darle la vuelta al mundo? Aunque eso signifique ponerlo de cabeza.

24 feb 2015

Me tendría que tirar café caliente en la cara para despertarme y no es por sueño. Es que estoy tan relajado el día de hoy, tengo buena musica sonando y eso hace que el día sea ideal.

19 feb 2015

Y de repente nada, todo y vuelve a ser nada. Se marea, se cansa, se duerme, se despierta, sueña, sueña, sueña y nada. Exactamente eso, sueña nada, sueña oscuro, claro, gris. Se aburre, despierta y piensa que lo mejor que le puede pasar, ademas de su café, sería volver a soñar con ese gris aburrido para no pensar. Se estresa y vuelve a tomar café. Se encuentra sentado con un café, con un libro y su libro, mirando la gente pasar, ir y venir todo el tiempo, perdidos en si mismos. Una lastima perderse.

7 feb 2015

Diga lo que diga, pase lo que , sea lo que sea o no, siempre te voy amar.

30 ene 2015

La prueba de que algún día fuí muy feliz.






Algun día fui un princeso.
No, no, no me importa, no me interesa, no se porque!

28 ene 2015

Lo mas olvidado del olvido

Ella se dejó acariciar, silenciosa, gotas de sudor en la cintura, olor a azúcar tostada en su cuerpo quieto, como si adivinara que un solo sonido podía hurgar en los recuerdos y echarlo todo a perder, haciendo polvo ese instante en que él era una persona como todas, un amante casual que conoció en la mañana, otro hombre sin historia atraído por su pelo de espiga, su piel pecosa o la sonajera profunda de sus brazaletes de gitana, otro que la abordó en la calle y echó a andar con ella sin rumbo preciso, comentando del tiempo o del tráfico y observando a la multitud, con esa confianza un poco forzada de los compatriotas en tierra extraña; un hombre sin tristezas, ni rencores, ni culpas, limpio como el hielo, que deseaba sencillamente pasar el día con ella vagando por librerías y parques, tomando café, celebrando el azar de haberse conocido, hablando de nostalgias antiguas, de cómo era la vida cuando ambos crecían en la misma ciudad, en el mismo barrio, cuando tenía catorce años, te acuerdas, los inviernos de zapatos mojados por la escarcha y de estufas de parafina, los veranos de duraznos, allá en el país prohibido. Tal vez se sentía un poco sola o le pareció que era una oportunidad de hacer el amor sin preguntas y por eso, al final de la tarde, cuando ya no había más pretextos para seguir caminando, ella lo tomó de la mano y lo condujo a su casa. Compartía con otros exiliados un apartamento sórdido, en un edificio amarillo al final de un callejón lleno de tarros de basura. Su cuarto era estrecho, un colchón en el suelo cubierto con una manta a rayas, unas repisas hechas con tablones apoyados en dos hileras de ladrillos, libros, afiches, ropa sobre una silla, una maleta en un rincón. Allí ella se quitó la ropa sin preámbulos con actitud de niña complaciente. Él trató de amarla. La recorrió con paciencia, resbalando por sus colinas y hondonadas, abordando sin prisa sus rutas, amasándola, suave arcilla sobre las sábanas, hasta que ella se entregó, abierta. Entonces él retrocedió con muda reserva. Ella se volvió para buscarlo, ovillada sobre el vientre del hombre, escondiendo la cara, como empeñada en el pudor, mientras lo palpaba, lo lamía, lo fustigaba. Él quiso abandonarse con los ojos cerrados y la dejó hacer por un rato, hasta que lo derrotó la tristeza o la vergüenza y tuvo que apartarla. Encendieron otro cigarrillo, ya no había complicidad, se había perdido la anticipada urgencia que los unió durante ese día, y sólo quedaban sobre la cama dos criaturas desvalidas, con la memoria ausente, flotando en el vacío terrible de tantas palabras calladas. Al conocerse esa mañana no ambicionaron nada extraordinario, no habían pretendido mucho, sólo algo de compañía y un poco de placer, nada más, pero a la hora del encuentro los venció el desconsuelo. Estamos cansados, sonrió ella, pidiendo disculpas por esa pesadumbre instalada entre los dos. En un último empeño de ganar tiempo, él tomó la cara de la mujer entre sus manos y le besó los párpados. Se tendieron lado a lado, tomados de la mano, y hablaron de sus vidas en ese país donde se encontraban por casualidad, un lugar verde y generoso donde sin embargo siempre serían forasteros. Él pensó en vestirse y decirle adiós, antes de que la tarántula de sus pesadillas les envenenara el aire, pero la vio joven y vulnerable y quiso ser su amigo. Amigo, pensó, no amante, amigo para compartir algunos ratos de sosiego, sin exigencias ni compromisos, amigo para no estar solo y para combatir el miedo. No se decidió a partir ni a soltarle la mano. Un sentímiento cálido y blando, una tremenda compasión por sí mismo y por ella le hizo arder los ojos. Se infló la cortina como una vela y ella se levantó a cerrar la ventana, imaginando que la oscuridad podía ayudarlos a recuperar las ganas de estar juntos y el deseo de abrazarse. Pero no fue así, él necesitaba ese retazo de luz de la calle, porque si no se sentía atrapado de nuevo en el abismo de los noventa centímetros sin tiempo de la celda, fermentando en sus propios excrementos, demente. Deja abierta la cortina, quiero mirarte, le mintió, porque no se atrevió a confiarle su terror de la noche, cuando lo agobiaban de nuevo la sed, la venda apretada en la cabeza como una corona de clavos, las visiones de cavernas y el asalto de tantos fantasmas. No podía hablarle de eso, porque una cosa lleva a la otra y se acaba diciendo lo que nunca se ha dicho. Ella volvió a la cama, lo acarició sin entusiasmo, le pasó los dedos por las pequeñas marcas, explorándolas. No te preocupes, no es nada contagioso, son sólo cicatrices, rió él casi en un sollozo. La muchacha percibió su tono angustiado y se detuvo, el gesto suspendido, alerta. En ese momento él debió decirle que ése no era el comienzo de un nuevo amor, ni siquiera de una pasión fugaz, era sólo un instante de tregua, un breve minuto de inocencia, y que dentro de poco, cuando ella se durmiera, él se iría; debió decirle que no habría planes para ellos, ni llamadas furtivas, no vagarían juntos otra vez de la mano por las calles, ni compartirían juegos de amantes, pero no pudo hablar, la voz se le quedó agarrada en el vientre, como una zarpa. Supo que se hundía. Trató de retener la realidad que se le escabullía, anclar su espíritu en cualquier cosa, en la ropa desordenada sobre la silla, en los libros apilados en el suelo, en el afiche de Chile en la pared, en la frescura de esa noche caribeña, en el ruido sordo de la calle; intentó concentrarse en ese cuerpo ofrecido y pensar sólo en el cabello desbordado de la joven, en su olor dulce. Le suplicó sin voz que por favor lo ayudara a salvar esos segundos, mientras ella lo observaba desde el rincón más lejano de la cama, sentada como un faquir, sus claros pezones y el ojo de su ombligo mirándolo también, registrando su temblor, el chocar de sus dientes, el gemido. El hombre oyó crecer el silencio en su interior, supo que se le quebraba el alma, como tantas veces le ocurriera antes, y dejó de luchar, soltando el último asidero al presente, echándose a rodar por un despeñadero inacabable. Sintió las correas incrustadas en los tobillos y en las muñecas, la descarga brutal, los tendones rotos, las voces insultando, exigiendo nombres, los gritos inolvidables de Ana supliciada a su lado y de los otros, colgados de los brazos en el patio. ¡Qué pasa, por Dios, qué te pasa!, le llegó de lejos la voz de Ana. No, Ana quedó atascada en las ciénagas del Sur. Creyó percibir a una desconocida desnuda, que lo sacudía y lo nombraba, pero no logró desprenderse de las sombras donde se agitaban látigos y banderas. Encogido, intentó controlar las náuseas. Comenzó a llorar por Ana y por los demás. ¿Qué te pasa?, otra vez la muchacha llamándolo desde alguna parte. ¡Nada, abrázame … ! rogó y ella se acercó tímida y lo envolvió en sus brazos, lo arrulló como a un niño, lo besó en la frente, le dijo llora, llora, lo tendió de espaldas sobre la cama y se acostó crucificada sobre él. Permanecieron mil años así abrazados, hasta que lentamente se alejaron las alucinaciones y él regresó a la habitación, para descubrirse vivo a pesar de todo, respirando, latiendo, con el peso de ella sobre su cuerpo, la cabeza de ella descansando en su pecho, los brazos y las piernas de ella sobre los suyos, dos huérfanos aterrados. Y en ese instante, como si lo supiera todo, ella le dijo que el miedo es más fuerte que el deseo, el amor, el odio, la culpa, la rabia, más fuerte que la lealtad. El miedo es algo total, concluyó, con las lágrimas rodándole por el cuello. Todo se detuvo para el hombre, tocado en la herida más oculta. Presintió que ella no era sólo una muchacha dispuesta a hacer el amor por conmiseración, que ella conocía aquello que se encontraba agazapado más allá del silencio, de la completa soledad, más allá de la caja sellada donde él se había escondido del Coronel y de su propia traición, más allá del recuerdo de Ana Díaz y de los otros compañeros delatados, a quienes fueron trayendo uno a uno con los ojos vendados. ¿Cómo puede saber ella todo eso? La mujer se incorporó. Su brazo delgado se recortó contra la bruma clara de la ventana, buscando a tientas el interruptor. Encendió la luz y se quitó uno a uno los brazaletes de metal, que cayeron sin ruido sobre la cama. El cabello le cubría a medias la cara cuando le tendió las manos. También a ella blancas cicatrices le cruzaban las muñecas. Durante un interminable momento él las observó inmóvil hasta comprenderlo todo, amor, y verla atada con las correas sobre la parrilla eléctrica, y entonces pudieron abrazarse y llorar, hambrientos de pactos y de confidencias, de palabras prohibidas, de promesas de mañana, compartiendo, por fin, el más recóndito secreto.

Crash test dummies

Otra noche mas se quedó en esa misma esquina, convirtiendose en un pichón para cualquier asaltante de turno, pero la imagen era muy perturbadora. El no me veía, pero yo sí a el. Seguía esperando, sentado, con un pucho en la mano y una botella de algun licor en la otra. No estaba escuchando música, solo se quedaba ahí, sentado y quieto. Sin decir ni hacer nada mas que solo pasar desapercibido. Nadie notaba su presencia. El silencio de la calle se volvió aturdidor y ahí fue cuando cruzó la calle y un auto terminó con su existencia.
Would you erase me?