13 ene 2016

El ritual de todas las mañanas, saber que sonreirás cuando leas mi mensaje. Salir de mi casa escuchando música a todo volumen para despertarme. Sonreír con el primer mensaje tuyo. Caminar hasta la estación de tren. Esperarlo tranquilo pensando en si hoy va a ser uno de esos días perfectos o solo va a ser un día menos. El tren tiene 15 minutos de demora. Suenan los parlantes, temo que sea un accidente y ya me veo llegando tarde. La suerte cambia, se anuncia un tren vacío todo para mi. Hasta que no me subo no lo creo. Me siento, me acomodo, respiro y sacó mi libro. Ese libro que separé anoche, en realidad separé dos, uno para prestarte, el otro para regalártelo, pero tiene una pequeña sorpresa. Si la dijera no sería sorpresa. Deberás buscarla por las paginas. Pienso en esto y me divierto. Me divierte pensar en tu cara cuando los veas, en tu mente pensando cual será la sorpresa, en mi viéndote hojearlo despacio. La misma sorpresa que me llevé yo cuando abrí ese libro después de tanto tiempo y era justo lo que necesitaba, lo que necesitas, lo que necesitamos. Solo un poco de eso y ya está. El futuro es todo nuestro.

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