28 ene 2016

Magia simple y natural.

Me subí al colectivo para ir a un lugar a donde nunca había ido sin saber, sin imaginar que el día de mañana esas calles iban a ser mías. Até mis zapatillas varias veces, me gustaba jugar con mis cordones cuando estaba aburrido. Lo único que poseía lo llevaba en mi mochila y la  cuidaba como si fuera oro puro. Nos bajamos, y caminamos casi por instinto, debería ser por acá pensé varias veces, aunque no había nada que indicara que era el camino correcto pero hacía ahí iba. Hice una cuadra y la vi. La vi de casualidad porque me di vuelta, vaya a saber uno porque, pero me di vuelta y la vi. Fijé mis ojos en ella, era como el resto de las chicas de ese entonces, pero algo en mi sabia que no era como todas, que era única. La seguí mirando todo el camino hasta el recital. Por suerte ella iba hacia el mismo lugar que yo. Tiempo después, mucho tiempo después me contaron que en realidad ella estaba siguiéndome a mi. Nos sentamos en el piso a esperar, tanta fue la cercanía que empezamos a hablar, aunque no recuerdo que fue lo que le dije, ni que me dijo, a excepción de su nombre. Nos sacamos fotos con María, sonreímos, cantamos y después del recital la perdí. Pase toda la siguiente semana intentando buscarla por algún lugar, hasta que mi amigo me dijo "la hemos encontrado". Era ya, no podía creerlo, no la había perdido y yo que creía que nunca mas la iba a volver a ver.
Desde hecho, acto, casualidad, causalidad, karma, destino, ya pasaron diez año y todavía me siento como esa semana después de conocerla, ansioso por volver a verla, contento por al fin conocerla. Resultó cierto eso de "cuando conoces al amor de tu vida el tiempo se detiene, pero después avanza rápido para recuperar el tiempo perdido". Acá sigo, diez años después, perteneciendole.

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