7 ene 2016

Ritual barbaro.

Suena la alarma, abro los ojos, me sitúo en el mundo, prendo la tele. Me levanto, apoyo los dos pies al mismo tiempo para que no sea el izquierdo el que pise primero el suelo. Voy al baño. Hago lo mío. Miro al espejo, me lavo la cara con agua bien fría. Mi abuela decía que el agua fría era la mejor para el cuerpo, porque nos mostraba que estábamos vivos. Ella se lavaba la cara todas las mañanas en un barril enorme de agua helada que estaba en el fondo de su casa. Era pura porque era agua de lluvia recuerdo que me decía.
Vuelvo a mirar el espejo, sigo siendo yo. Me lavo los dientes, primero despacio, después fuerte, enjuago y abro la ducha. Ni muy fría, ni muy caliente el agua. Lavo mi cabeza, me enjabono todo, me enjuago y lavo cuidadosamente mi barba. Salgo de la ducha, me seco despacio, me peino, despeino mi barba, le aplico su aceite correspondiente y la cepillo. Me quedo mirando el espejo un largo rato. Intento adivinar que me va a deparar el día. Suena la segunda alarma, esa que dice que voy a llegar tarde si no me cambio. Sonrío. Estoy vivo un días mas.

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