Era un día gris, esos donde los colores lucen apagados y todo está en el mismo tono y no pasa nada que altere la vida de nadie, nada de nada y como cada día gris plata me pongo a escribir con un café en la mano y un lápiz en la otra,muchas hojas de papel sueltas, desparramadas por todo el piso, algunas con anotaciones al aire con ideas y cosas que alguna vez creí que iban a valer la pena. O algo así.
Ese día me dispuse a ver por la ventana, me gusta su vista, y me quedé congelado un rato largo mirando a la gente caminar. Las personas, tanto como el día, lucían grises. Tenían ese aspecto regular, cara de nada diría yo. Caminan sin alterar su ritmo, así como nada a su alrededor. Caminan cargados de tristeza, reprimiendo broncas y frustraciones. Nadie camina alegre. Todos perdieron su color.
Entre esa masa gris apareció ella con su pelo castaño demasiado largo, con su bufanda roja, si, roja, era lo primero de color que veía en el día, sus pasos firmes, sus manos sufriendo este crudo invierno, sus labios color escarlata y yo ahí, mirándola con la boca abierta, dejando caer mi café al piso, manchando todas mis hojas, tirando el lápiz por algún rincón, siendo feliz con su color y volviéndome triste casi al instante mientras ella desaparecía entre edificios donde se escapaba de mi, una vez mas.
2 feb 2018
28 sept 2017
un guerrero de metal y no de plástico
gigante, real y algo apocalíptico
me equivoco mucho, no sufro escarmiento
pero eso no logra matar mi sentimiento
la palabras me golpean como la realidad
a pesar de todo yo no perdí mi identidad
mi estado mental nunca va a caer
aunque me caiga y falle no pienso retroceder
nací para vivir, ser libre y gritar
tus palabras que son balas no me van a callar
como apagas la furia del volcan?
ni un millon de litros lo apagarán.
gigante, real y algo apocalíptico
me equivoco mucho, no sufro escarmiento
pero eso no logra matar mi sentimiento
la palabras me golpean como la realidad
a pesar de todo yo no perdí mi identidad
mi estado mental nunca va a caer
aunque me caiga y falle no pienso retroceder
nací para vivir, ser libre y gritar
tus palabras que son balas no me van a callar
como apagas la furia del volcan?
ni un millon de litros lo apagarán.
20 sept 2017
Si cae la tormenta, se bien donde pararme.
Si me golpea la tormenta, se donde puedo refugiarme.
Pero en esta cantidad de agua, no me encuentro.
Tambaleo, me mareo y caigo al suelo.
Lo fuerte del golpe no va a derrotarme
Esto ya es inevitable, es hora de re armarme.
Aunque sea difícil, aunque no encuentre mi centro
Me concentro, respiro y suelto mi voz al cielo.
Preguntas sin respuesta, malditos silencios
Por cada lagrima derramada al suelo
A pena de muerte te sentencio
Nunca voy a dejar de decir lo que pienso.
Esta nebulosa que golpea y golpea
me hacen querer dejar la tierra
Irme a otro planeta donde nada me duela
Respirar bien fuerte y que todos los días sean de fiesta.
10 ago 2017
Los sin códigos
Me encuentro en un momento de mi vida donde los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Casualidad que tenga cinco dedos? O será casualidad que ellos sean cinco?.
Con el primero somos parecidos, nos gustan las mismas cosas, aunque el tiene una habilidad con la pluma que yo no tengo y envidio. Siempre es sincero y sabe hacerte reir.
El segundo que conocí es mi antitesis, mi nemesis, lo quiero y lo detesto por la misma razón. Te desborda con su energía, es avallasante, sofocante, asfixiante, rompe huevos, pero con un corazon enorme, casi tan enorme como el.
Mi tercer amigo vino junto con el segundo y al principio me los confundía. Con el tiempo me di cuenta que es un hombre con un temple, una fortaleza enorme. Nobleza obliga hay que decirlo, tiene unos huevos enormes. Lo admiro.
El cuarto apareció por medio del alcohol, aun no compartimos ninguna copa juntos, pero sabe como hacerte sentir bien, es una persona que no tiene maldad alguna y bien merecido tiene todo lo que le sucede.
Mi quinto y no por ser el ultimo es el menos importante, es el distinto, tiene calidad que adquirió con la experiencia, somos casi colegas y tiene una visión de la vida que comparto. Es realmente grato hablar con el.
Sé que ellos aparecieron en mi vida por alguna razón y de cada uno aprendí y aprendo cada día algo nuevo y no hay nada mas lindo que rascarse juntos cuando la sarna pica. Son los cinco...Los Sin Códigos.
Con el primero somos parecidos, nos gustan las mismas cosas, aunque el tiene una habilidad con la pluma que yo no tengo y envidio. Siempre es sincero y sabe hacerte reir.
El segundo que conocí es mi antitesis, mi nemesis, lo quiero y lo detesto por la misma razón. Te desborda con su energía, es avallasante, sofocante, asfixiante, rompe huevos, pero con un corazon enorme, casi tan enorme como el.
Mi tercer amigo vino junto con el segundo y al principio me los confundía. Con el tiempo me di cuenta que es un hombre con un temple, una fortaleza enorme. Nobleza obliga hay que decirlo, tiene unos huevos enormes. Lo admiro.
El cuarto apareció por medio del alcohol, aun no compartimos ninguna copa juntos, pero sabe como hacerte sentir bien, es una persona que no tiene maldad alguna y bien merecido tiene todo lo que le sucede.
Mi quinto y no por ser el ultimo es el menos importante, es el distinto, tiene calidad que adquirió con la experiencia, somos casi colegas y tiene una visión de la vida que comparto. Es realmente grato hablar con el.
Sé que ellos aparecieron en mi vida por alguna razón y de cada uno aprendí y aprendo cada día algo nuevo y no hay nada mas lindo que rascarse juntos cuando la sarna pica. Son los cinco...Los Sin Códigos.
18 jul 2017
Día de furia
Recuerdo que era Diciembre y hacía mucho calor. Esperaba al tren en la estación, llevaba mi mochila, con un cuaderno, un resumen y una birome mientras que mis auriculares explotaban mis oídos anulando todo ruido exterior, así que era feliz. Estaba muy feliz.
De repente llega un tren vacío, no podía creer mi suerte. Nada podía salir mal creía. Y eso fue lo que hice mal, creer que nada podía salir mal. De hecho salió todo mal a partir de ese momento y les explicaré porque.
Subo al tren, me siento, recuerden que mis auriculares anulaban todo ruido. En eso veo algo extraño, veo subir 2 gendarmes, y veo que sus labios se mueven, pero los ignoro, sigo mirando por la ventana pretendiendo no existir. Se pararon a mi lado y ahí no quedo otra que volver a la realidad. "acompáñenos", a lo que respondo "que pasó? algún problema?" y ahí, justo en ese momento el tono de uno de ellos cambió radicalmente "bajate del tren no te hagas el gracioso, ahora nos vas a explicar porque estas golpeando el tren". Mi cara de desconcierto fue tan grande que hasta ellos se miraron extrañados. No sabia que sentir, si miedo, bronca, incertidumbre eso seguro que si.
Mientras me bajaban me decían cosas que no logro recordar porque mi mente se apagó, solo quería irme. Solo pensaba en llegar a rendir mi final.
Revisaron mi mochila, la billetera y me preguntaron a donde iba. Me desearon buena suerte y me largaron, a todo esto pasaron solamente 10 minutos, aunque para mi fueron horas.
Revisaron mi mochila, la billetera y me preguntaron a donde iba. Me desearon buena suerte y me largaron, a todo esto pasaron solamente 10 minutos, aunque para mi fueron horas.
Subo al siguiente tren, obviamente lleno, por una de esas cosas del universo, me queda un asiento y procedo al ritual de siempre, mirar que no haya nadie con chicos ni gente mayor para luego después sentarme, saque mi resumen nuevamente y cuando me disponía a repasar, aunque realmente no se porque siempre hago lo mismo, creo que es para sacarme los nervios porque nunca termino leyendo nada del resumen, una chica que se llamaba Olga y le gustaba la historia me empieza a hablar de tatuajes, de que se había querido suicidar 3 veces pero nunca lo logró estaba claro, que se había separado 4 veces y ahora estaba intentándolo de nuevo con su novio, aunque prefería estar sola me dijo que lo necesitaba y por eso volvía. En ese momento no podía importarme menos su calvario personal que me limité solo a mirarla y a responderle monosílabos. Estuvo hablando media hora hasta que en un momento me dice "nunca me anime a tatuarme los brazos" y lo siguiente que le respondí juro que fue en piloto automático y sin pensarlo, "no te animas a tatuarte los brazos, pero para cortarte las venas 3 veces no tuviste problema alguno". Silencio incomodo, mirada fija. Llega el tren a la siguiente estación, se levanta y desaparece. Me sentí pésimo el resto del viaje pensando en que podría haber dicho otra cosa o seguir con mi mirada de poca importancia y mis respuestas cortas, Quizás ella solo necesitaba hablar con alguien y vio en mi alguien con quien charlar un rato y escapar de su infierno unos minutos.
Llega el tren a la ultima estación, me dispongo a bajar, pero todos sabemos bien que nadie espera a que nadie baje de ningún tren, subte o colectivo. Una mezcla de masa humana de muchos colores, sudorosa, cansada y de mal humor se agolpaba del otro lado del vidrio solo para conseguir el tan preciado asiento. Somos animales después de todo y esto lo confirmaba.
La mezcla de culpa, calentura, mal estar y odio por el mundo entero hizo que me pegue a la puerta y salir revoleando manos y puteadas al aire esperando y rogando que alguna mano alcanzara a algún hombre y pueda descargar mi furia en el pero no tuve suerte.
La mezcla de culpa, calentura, mal estar y odio por el mundo entero hizo que me pegue a la puerta y salir revoleando manos y puteadas al aire esperando y rogando que alguna mano alcanzara a algún hombre y pueda descargar mi furia en el pero no tuve suerte.
Con mi música extremadamente fuerte llegué a la facultad, subo las escaleras preparándome mentalmente para rendir, entro al aula con una mezcla de nervios y enojo, levanto la mirada y en la puerta había un cartel que decía "POR AUSENCIA DEL PROFESOR, EL FINAL SE PASARÁ PARA LA SEMANA QUE VIENE".
Ahora me encuentro sentado en la puerta de la facultad esperando encontrar a alguien conocido ya que perdí mi billetera y no tengo plata para volver a casa.
Ahora me encuentro sentado en la puerta de la facultad esperando encontrar a alguien conocido ya que perdí mi billetera y no tengo plata para volver a casa.
17 jul 2017
Adiós y buena suerte
Después de un largo día de trabajo solo quería llegar a su casa y ponerse a viciar como de costumbre. Estuvo pensando todo el camino de vuelta en lo que iba a hacer en el jueguito, comprar una espada o un arco?. Que dilema. Quizás debería comprar ambas, no lo había decidido.
El comedor estaba oscuro, la única luz que había provenía del televisor. A su mama le gustaba estar a oscuras. Entró, la saludó con un beso y se dispuso a subir las escaleras pensando en su juego. Pero no. "Tengo algo que contarte, no te vayas" le gritó y se detuvo en seco.
"Tu papa está internado, no se bien que le pasó..." empezó a decir, esas palabras cayeron sobre el como un mazazo en la cabeza. Subió a un taxi, bajó corriendo para entrar al hospital, empujó muchas puertas hasta que encontró la suya. Era obvio que esa era su puerta, era su voz, eran sus gritos. La cruzó y lo vio tirado en una cama con 2 enfermeras encima tratando de sujetarle los brazos, esos colosos que lo rodeaban entero cuando era chico y en los cuales siempre se sintió invencible.
Apenas entró arrojó su campera al piso y se tiró encima del otro para ayudar a la enfermeras. Entre tanto forcejeo sus miradas se cruzaron durante un segundo, esos que parecen eternos y se buscaron en lo oscuro y húmedos de sus ojos.
Todo se cortó con el grito del joven "Acá estoy Papá, reaccioná" y la última frase que escuchó de su padre fue llamar a su Mamá a gritos para lugar dormirse.
Salió de la habitación rápido, enojado con el mundo, la vida, dios y el mismo. Lloró hasta que el cansancio lo venció y se quedo dormido en una silla del hospital.
Volvió a su casa a bañarse, comer algo y tratar de procesar la noticia. En el fondo sabia que ya se habían despedido, aunque como en la mayoría de los casos, cuesta soltar.
Regresó al trabajo un jueves, no había novedades, su calma pendía de un hilo y cualquier recuerdo que se le cruzara por delante hacía humedecer sus ojos con facilidad.
Sonó el teléfono, era su mamá, sabia que no eran buenas noticias. Tardó en atender por miedo, se paralizó por completo, solo alcanzó a apretar un botón y escuchar "anda al hospital, no pasa de este día". Y no lo hizo.
Llegó al hospital pasado el mediodía, el taxi se demoro mucho por los innumerables cortes en la ciudad, todo pasaba lento, como si nadie estuviera apurado en llegar a ningún lado excepto el. La escena del taxi se repetía, bajar corriendo, empujar puertas, pero esta vez los gritos habían cesado y la habitación de días anteriores estaba vacía. Ese gigante de mas de dos metros, fuerte y ancho como un roble había quedado reducido a un viejo, malherido y consumido ser lleno de tubos; y rodeado de maquinas que lo mantenían vivo.
Las horas pasaron y la cruda noticia fue dada por los doctores el mismo Jueves a las 19:02.
Lloró, lloró fuerte, gritó y bajó corriendo tantas escaleras que terminó en el subsuelo del hospital, un lugar abandonado, cuna de la humedad del mundo y cementerio de camillas, ropa sucia y muebles que no se usaban mas comidos por el oxido y el abandono.
Se fue solo del hospital, no quería ver a nadie.
Mientras llevaba su cajón, en un día gris adornado por una trompeta con su famoso toque de silencio de fondo, recordé que ambos nacimos un jueves y mi padre murió el mismo día.
Quizás ese día también morí un poquito.
El comedor estaba oscuro, la única luz que había provenía del televisor. A su mama le gustaba estar a oscuras. Entró, la saludó con un beso y se dispuso a subir las escaleras pensando en su juego. Pero no. "Tengo algo que contarte, no te vayas" le gritó y se detuvo en seco.
"Tu papa está internado, no se bien que le pasó..." empezó a decir, esas palabras cayeron sobre el como un mazazo en la cabeza. Subió a un taxi, bajó corriendo para entrar al hospital, empujó muchas puertas hasta que encontró la suya. Era obvio que esa era su puerta, era su voz, eran sus gritos. La cruzó y lo vio tirado en una cama con 2 enfermeras encima tratando de sujetarle los brazos, esos colosos que lo rodeaban entero cuando era chico y en los cuales siempre se sintió invencible.
Apenas entró arrojó su campera al piso y se tiró encima del otro para ayudar a la enfermeras. Entre tanto forcejeo sus miradas se cruzaron durante un segundo, esos que parecen eternos y se buscaron en lo oscuro y húmedos de sus ojos.
Todo se cortó con el grito del joven "Acá estoy Papá, reaccioná" y la última frase que escuchó de su padre fue llamar a su Mamá a gritos para lugar dormirse.
Salió de la habitación rápido, enojado con el mundo, la vida, dios y el mismo. Lloró hasta que el cansancio lo venció y se quedo dormido en una silla del hospital.
Volvió a su casa a bañarse, comer algo y tratar de procesar la noticia. En el fondo sabia que ya se habían despedido, aunque como en la mayoría de los casos, cuesta soltar.
Regresó al trabajo un jueves, no había novedades, su calma pendía de un hilo y cualquier recuerdo que se le cruzara por delante hacía humedecer sus ojos con facilidad.
Sonó el teléfono, era su mamá, sabia que no eran buenas noticias. Tardó en atender por miedo, se paralizó por completo, solo alcanzó a apretar un botón y escuchar "anda al hospital, no pasa de este día". Y no lo hizo.
Llegó al hospital pasado el mediodía, el taxi se demoro mucho por los innumerables cortes en la ciudad, todo pasaba lento, como si nadie estuviera apurado en llegar a ningún lado excepto el. La escena del taxi se repetía, bajar corriendo, empujar puertas, pero esta vez los gritos habían cesado y la habitación de días anteriores estaba vacía. Ese gigante de mas de dos metros, fuerte y ancho como un roble había quedado reducido a un viejo, malherido y consumido ser lleno de tubos; y rodeado de maquinas que lo mantenían vivo.
Las horas pasaron y la cruda noticia fue dada por los doctores el mismo Jueves a las 19:02.
Lloró, lloró fuerte, gritó y bajó corriendo tantas escaleras que terminó en el subsuelo del hospital, un lugar abandonado, cuna de la humedad del mundo y cementerio de camillas, ropa sucia y muebles que no se usaban mas comidos por el oxido y el abandono.
Se fue solo del hospital, no quería ver a nadie.
Mientras llevaba su cajón, en un día gris adornado por una trompeta con su famoso toque de silencio de fondo, recordé que ambos nacimos un jueves y mi padre murió el mismo día.
Quizás ese día también morí un poquito.
14 jul 2017
Hay cosas que tengo que aprender todavía, momentos donde callarme, donde gritar, anotarme las cosas y dejar que mi garganta explote ante una injusticia.
Hay cosas que tengo que aprender todavia, a hablar cuando sea necesario, expresarme sin ninguna otra razon mas que el de no dejar que las palabras me carcoman los huesos.
Hay cosas que tengo que aprender todavia, sé que tengo mucho que aprender aún.
Hay cosas que tengo que aprender todavia, a hablar cuando sea necesario, expresarme sin ninguna otra razon mas que el de no dejar que las palabras me carcoman los huesos.
Hay cosas que tengo que aprender todavia, sé que tengo mucho que aprender aún.
1 jun 2017
Admirar los cambios y las situaciones vividas, en el presente, nunca fue mi fuerte, mas bien siempre me encargué de poder admirarlas ya pasado un tiempo prudencial donde dichas situaciones no generan mas daño y si todavía queda un algún resabio perdido en algún rincón, poder activar un escudo irónico que pueda salvarme de casi todo. Aunque no siempre funciona y no siempre termina saliendo como hubiese querido. Esta no es la excepción.
25 nov 2016
20 oct 2016
Siempre creí que las historias de película nunca le pasaban a las personas, ni la común ni siquiera a las especiales, mucho menos a mí. Pero como suelo equivocarme, a mi si me pasó, me pasa bah.
Todo comenzó con un recital y una mirada. Lo importante que son las miradas en las personas y a veces le damos poca importancia. Pasaron año, buenos, no tan buenos, malo, muy malos, pero había algo que mas allá de donde se encontraba cada uno, ella en nueva york en el medio de central park o en lo alto de algún edificio y yo hundido en papeles y quilombo en microcentro, siempre había algo que nos hacia pensar en el otro. En realidad siempre lo hay. Tan fuerte es nuestro pensamiento que podemos saber como se siente el otro, podemos saber cuando le pasa algo, cuando no, cuando no está siendo sincero, cuando necesita un abrazo o una palabra dulce o solo una sonrisa. Esa conexión es de película y muchas veces me sorprendí a mi mismo. Tantas veces pensábamos en encontrarnos de casualidad en la calle que terminaba sucediendo, sinceramente fantástico.
Tuvimos tantas idas y vueltas que nos terminamos mareando y ahí fue donde empezamos a caer y muy rápido, ahí fue donde nos golpeamos duramente contra la realidad. Esa realidad que no le gustaba a ninguno de los dos pero la aceptábamos, quizás por conformismo, quizás por cobardía, quizás porque no quedaba otra o porque lo elegíamos así. Pero hubo un día, sinceramente fue glorioso, donde coincidimos, finalmente coincidimos y desde ese día decidimos dar el paso que necesitábamos, animarnos, saltar agarrados de la mano y caer, pero no caímos, sino que volamos.
Esa sensación de libertad que solo sentía cuando iba sobre mi tabla escuchando música o nadando sin parar hasta el cansancio la siento ahora todo el tiempo.
Toda mi vida me hicieron creer que uno cuando se enamora siente mariposas en el estomago, lo único que siento en el estomago es cuando tengo hambre, porque con ella yo siento tranquilidad, siento paz y eso es algo que jamás sentí.
Todo comenzó con un recital y una mirada. Lo importante que son las miradas en las personas y a veces le damos poca importancia. Pasaron año, buenos, no tan buenos, malo, muy malos, pero había algo que mas allá de donde se encontraba cada uno, ella en nueva york en el medio de central park o en lo alto de algún edificio y yo hundido en papeles y quilombo en microcentro, siempre había algo que nos hacia pensar en el otro. En realidad siempre lo hay. Tan fuerte es nuestro pensamiento que podemos saber como se siente el otro, podemos saber cuando le pasa algo, cuando no, cuando no está siendo sincero, cuando necesita un abrazo o una palabra dulce o solo una sonrisa. Esa conexión es de película y muchas veces me sorprendí a mi mismo. Tantas veces pensábamos en encontrarnos de casualidad en la calle que terminaba sucediendo, sinceramente fantástico.
Tuvimos tantas idas y vueltas que nos terminamos mareando y ahí fue donde empezamos a caer y muy rápido, ahí fue donde nos golpeamos duramente contra la realidad. Esa realidad que no le gustaba a ninguno de los dos pero la aceptábamos, quizás por conformismo, quizás por cobardía, quizás porque no quedaba otra o porque lo elegíamos así. Pero hubo un día, sinceramente fue glorioso, donde coincidimos, finalmente coincidimos y desde ese día decidimos dar el paso que necesitábamos, animarnos, saltar agarrados de la mano y caer, pero no caímos, sino que volamos.
Esa sensación de libertad que solo sentía cuando iba sobre mi tabla escuchando música o nadando sin parar hasta el cansancio la siento ahora todo el tiempo.
Toda mi vida me hicieron creer que uno cuando se enamora siente mariposas en el estomago, lo único que siento en el estomago es cuando tengo hambre, porque con ella yo siento tranquilidad, siento paz y eso es algo que jamás sentí.
19 oct 2016
Fantasía cumplida
A mi si se me cumplió la fantasía de todo trabajador. Ya sabes de que se trata o hace falta aclararlo?. Te doy una pista, no se trata de sexo casual con alguien de la oficina, ni se trata de un nuevo curro para tener mas plata a fin de mes. Quizás ya adivinaste. Exacto. Es eso.
Que se muera tu jefe.
Seguro miles de veces volviste a tu casa puteando porque te contestaba mal ,te trataba de inútil o ni siquiera te valoraba o bueno, cosas mucho peores. Volviste amargado, triste, re caliente y sobre todo pensando en las miles de cosas malas que querías que le pasaran, que su miembro se le caiga o que encuentre a su mujer con otro, que le choquen el auto, que la deje su nuevo novio, que le cague una paloma en ese pelo horrible que tiene y un sin fin de cosas de menor o mayor gravedad, hasta llegaste a imaginar su muerte, pero sabes que esa posibilidad es tan irreal y tanto mal no lo deseas, creo, que la descartas casi al instante. Entras a tu trabajo puteando, te vas de tu trabajo puteando mas, así de lunes a viernes si tenes suerte.
Y acá es donde empieza mi historia. Mi jefe fue como un padre, un mal padre, un padre de mierda queriendo formar a un hijo a costa de malos momentos, un hijo igual a el, pero que por su rebeldía. Si, resulta que toda la vida fui un rebelde y nunca lo supe. Aunque quizás si lo sea, no el típico rebelde, pero ese es otro tema.
Mi relación con mi Jefe/Padre nunca fue la mejor pero ahí estaba yo, ahí estoy yo, 10 años después. Vivo. Sobreviví y el no. Ese fin de semana no fue uno mas, realmente arruinó mi fin de semana.
Esta persona de mierda no le bastaba con morirse, para que se queden tranquilos, se murió como quiso haciendo lo que mas le gustaba, me cagó el fin de semana.
Se murió y yo incrédulo todavía, esperaba que apareciera el lunes con su típico humor de mierda y cara de culo, pero no, no apareció ni ese lunes, ni el siguiente, ni el siguiente. No apareció mas.
Me cagó el fin de semana.
Pensarán que soy algo frívolo o que el no me importaba, pero al contrario, como todo buen empleado siempre quiere tener a su jefe contento...bueno no, solo quería que no me rompiera las pelotas.
Que se muera tu jefe.
Seguro miles de veces volviste a tu casa puteando porque te contestaba mal ,te trataba de inútil o ni siquiera te valoraba o bueno, cosas mucho peores. Volviste amargado, triste, re caliente y sobre todo pensando en las miles de cosas malas que querías que le pasaran, que su miembro se le caiga o que encuentre a su mujer con otro, que le choquen el auto, que la deje su nuevo novio, que le cague una paloma en ese pelo horrible que tiene y un sin fin de cosas de menor o mayor gravedad, hasta llegaste a imaginar su muerte, pero sabes que esa posibilidad es tan irreal y tanto mal no lo deseas, creo, que la descartas casi al instante. Entras a tu trabajo puteando, te vas de tu trabajo puteando mas, así de lunes a viernes si tenes suerte.
Y acá es donde empieza mi historia. Mi jefe fue como un padre, un mal padre, un padre de mierda queriendo formar a un hijo a costa de malos momentos, un hijo igual a el, pero que por su rebeldía. Si, resulta que toda la vida fui un rebelde y nunca lo supe. Aunque quizás si lo sea, no el típico rebelde, pero ese es otro tema.
Mi relación con mi Jefe/Padre nunca fue la mejor pero ahí estaba yo, ahí estoy yo, 10 años después. Vivo. Sobreviví y el no. Ese fin de semana no fue uno mas, realmente arruinó mi fin de semana.
Esta persona de mierda no le bastaba con morirse, para que se queden tranquilos, se murió como quiso haciendo lo que mas le gustaba, me cagó el fin de semana.
Se murió y yo incrédulo todavía, esperaba que apareciera el lunes con su típico humor de mierda y cara de culo, pero no, no apareció ni ese lunes, ni el siguiente, ni el siguiente. No apareció mas.
Me cagó el fin de semana.
Pensarán que soy algo frívolo o que el no me importaba, pero al contrario, como todo buen empleado siempre quiere tener a su jefe contento...bueno no, solo quería que no me rompiera las pelotas.
6 oct 2016
Me encuentro recostado en la cama, me envuelvo en mis sabanas blancas. Veo como la habitación gira sin parar. Cierro los ojos para no marearme pero de nada sirve. Busco tu mano en la oscuridad mientras todo sigue girando. Te encuentro y te sostengo fuerte. Sentís mi presencia, te pegas a mi, me abrazas y respiras profundo. Estas durmiendo en plena calma y paz. Dormida te acaricio, huelo tu perfume, se mete dentro mío y siento mi pecho explotar de excitación, mi corazón palpitar sin piedad, mis ojos abiertos, enormes como el sol. Busco alguna señal de que estas sintiéndome y ahí está. Apareció. Una mano tuya agarra mi cara con fuerza, abris los ojos, me miras fijo, como si quisieras hipnotizarme. Me besas despacio, muy despacio en los labios. Susurras algo que no llego a oir, volves a dormirte con una sonrisa y yo también.
12 jun 2016
Es la primera vez que no quiero ser el primero, sino el último
Todavia recuerdo la tarde en la que empecé a verte en mi brazo porque no tenia otra opcion. Nunca habia estado tan contento con una sesion de tatuajes. Te miraba siempre antes de dormir, miraba por la ventana, te deseaba buenas noches, te daba un beso y dormia con vos en mi pecho. Ahora lo hago cuando te extraño y entonces me miro el brazo. Fue raro despertarme estos dias y tenerte al lado debo admitirlo. Fue raro despertarme con un beso tuyo, una caricia. Nunca me habia despertado tan contento tantos dias seguidos, eso fue un record para mi.
Se me viene a la mente muchas cosas, como empezo todo, como empece yo, como empezo este viaje. El mejor que haya vivido, lleno de cosas simples, que resultan ser las mejores. Estos recuerdos y momentos vividos no me los va a robar nadie nunca y desde ya te agradezco por vivirlos conmigo. No hay nada que quiera mas en el mundo que conocer el mundo y conocerme a mi mismo, con vos.
Pasaron los dias y seguia sin creerlo, estabas ahi conmigo, yo estaba ahi con vos. La risa, el buen humor, la camaraderia se sentía. Amigos, familia y mas. Complicidad.
Estoy un poco oxidado o quizas sea mi dislexia o mi ansiedad, pero quiero decir millones de cosas en tan pocas palabras, vos, yo, aire puro, sol, silencio, juntos, sería un resumen de todo, aunque no me alcanzan las palabras para describir todo lo que estoy sintiendo dia a dia.
Miro para atras y veo lo que logramos, lo que logre, lo que lograste, se que nada de esto fue gratis, se que costó mas de lo que alguna vez pensamos, pero como dijiste, "por fin nos elegimos" y siempre voy a darte las gracias por haberlo hecho. Por haberlo hecho siempre y por no renunciar a mi nunca. Gracias a eso soy lo que soy hoy.
No puedo prometerte una vida ideal o no discutir, no puedo prometerte no gritarnos o no llorar. No puedo prometer que no haya cosas que me molesten o que haya cosas que haga y no te gusten. No puedo promerte muchas cosas, pero algo si puedo prometerte. Prometo dejar el egoismo y el orgullo de lado, prometo no bajar los brazos nunca y siempre sacarte una sonrisa todos los dias, Prometo cuidarte, amarte y respetarte. Prometo tener mis brazos siempre a tu alcance para darte un abrazo cuando quieras. Prometo atravesar vientos y marea, aunque sea solo para verte 5 minutos. Prometo cuidarte mas que a mi vida y no lastimarte. Prometo ser siempre yo para vos y si esto algun día termina(ojalá que nunca) se que voy a seguir amandote como lo hice desde el primer día en que te ví hace mas de 10 años.
16 mar 2016
15 mar 2016
Tablas
Cuando lo visite esa mañana, el sacó una caja de madera vieja, llena de polvo y me dijo "Esto que te voy a enseñar hoy lo vas a usar toda tu vida, quizas sea lo mas importante que alguien te enseñe jamas". Eso me dijo Don Enrique. El era un viejo cuando yo a penas sabia atarme los cordones.
Lo que me enseño ese dia fue a jugar al ajedrez. Cada nombre de cada pieza, cada movimiento, cada jugada, defensiva, ofensiva, de distracción. Todo iba anotando en mi mente y siempre me dejaba volver un paso atras si me equivocaba y la segunda frase que me dijo fue "Hay que ver el tablero completamente, evaluar todas las posibles jugadas, evaluar los riesgos, las perdidas y ganancias". Estuvimos toda una semana jugando desde la mañana hasta la noche, solo nos deteniamos para ver su fantástica colección de monedas, tenia monedas de todo el mundo, de cada pais, me contaba su historia y como la había obtenido. Muchas de ellas me parecían irreales.
Seguimos jugando, practicando como le decía el y siempre me repetía las mismas frases antes de empezar y antes de terminar, hasta que llegó un dia en el que le gané. Realmente le gané y sin volver un paso atras. Le gané, le sonreí y me dio la mano y justo en ese momento me dijo "Te acordas bien las dos frases que siempre te digo? Bueno, ganaste porque no las recordaste, lo lograste porque no dejaste que ninguna frase te diga lo que tenias que hacer, hiciste lo que quisiste, sentiste y está perfecto. Viviste y volviste real tu sueño y contra eso no puede nadie, ni la suerte o dios siquiera".
Años después de nuestro ultimo juego me llega un paquete a mi casa con dos fichas de ajedrez de madera. Ahí entendi que el juego con el ya habia terminado.
Años después de nuestro ultimo juego me llega un paquete a mi casa con dos fichas de ajedrez de madera. Ahí entendi que el juego con el ya habia terminado.
1 mar 2016
Reflejo
Estaba caminando, perdido, en una ciudad que aún no conocía. Caminaba por calles cubiertas de adoquines, con gente yendo de un lado para el otro, volviéndose loca. Seguí caminando, y a cada paso que daba me maravillaba con la arquitectura del lugar, también con sus voces, esas voces pequeñas que uno oye a lo lejos, ese ruido ambiente que te hace estremecer por completo. Seguí caminando en busca de algún lugar donde refugiarme de ese calor, hasta que lo encontré, apareció frente a mi como sin quererlo, bien disimulado entre el resto de las casas.
Entré por sus puertas grandes de madera y vidrio. Miré sus pisos monocromáticos, sus sillas y mesas de madera oscura y su extensa barra. Detrás de esta había un hombre grande, en realidad no era grande era enorme, tan enorme como los viejos vikingos, aunque sin barba. Estaba con otro mas, que estaba sentado frente a el hablando en otro idioma, que no era el del lugar y mucho menos el mío. Me acerqué tímidamente hacia el final de la barra, a medida que avanzaba sentía los ojos del gigante posarse en mi y no alejarse hasta que no me quedé quieto de una buena vez que me senté y le pedi muy amablamente una cerveza a la camarera. Pedí cerveza porque estaba seguro que eso era lo único que me iba a gustar de ese lugar. Sonaba una música en ingles, imposible no reconocer el ingles, dándole un ambiente al lugar bastante acogedor. Pasaron quince minutos y lo veo entrar. Era alto, pelo oscuro, con barba, camisa blanca, pantalón oscuro, su mirada pasaba por todas las mesas, evidentemente estaba eligiendo la mejor opción donde sentarse. Ese juego que hacía su mirada me causaba cierta gracia, ya que haciendo juego con el piso monocromático todo esto se asimilaba a un tablero de ajedrez. Decide sentarse, se acomoda y pide lo mismo que yo, una resfrescante cerveza. Saca un libro, una lapicera y agarra una servilleta. Apoya su celular en la mesa, lo vuelve a guardar, lo vuelve a sacar, estaba nervioso. Entra una chica, el le clava la mirada. No era que estaba nervioso, sino ansioso. Ella lo divisa a la lejanía y se acerca. Vestía una pollera colorida, una remera roja, bordó, no recuerdo, ya iba por la tercer cerveza y mi memoria se pierde con facilidad, sus movimientos inquietaron a algunos personajes de la entrada, pero al ver su caminar decidido, no se atrevieron a molestarla siquiera. Se acerca a la mesa, lo saluda y se sienta. Podía observar en ambos una sonrisa, la misma sonrisa. Recordé que tenía mi libreta y la saqué junto con la lapicera de siempre, tenia que escribir esta escena. Conversaron toda la noche y puedo recordar con seguridad que no existía nadie mas en ese bar que ellos dos y las meseras que ocasionalmente les cambiaban las cervezas. Para ellos no existía nadie mas, a penas podía existir yo. Transcurrieron las horas y entre tanta charla lo vi quebrase por primera vez. El le habla y lloraba como un niño, hacía una fuerza sobrehumana para seguir hablándole, no era una noticia triste la que le estaba dando, sino solo un mal recuerdo. Siguió hablándole hasta que ella hizo justo lo que el necesitaba. Le agarró la mano.
Sostuvo su mano como se sostienen las bolsas del supermercado cuando son muchas, como cuando alguien sube ultimo al colectivo y se tiene que agarrar de la puerta para no caerse, le sostuvo la mano de manera firme y tierna para hacerle saber que no estaba solo, que podía desahogarse todo lo que quisiera y necesitara. Le agarró la mano y le hizo saber que no estaba solo y que jamás iba a apartarse de su lado.
Esa noche los vi exponer a la luz sus fantasmas mas oscuros, sus demonios mas poderosos. Compartieron su pasado mientras los vasos de cerveza iban aumentando, quizás esto era lo que les hacia el dialogo mas fácil, pero a medida que seguía pasando el tiempo, no era el alcohol lo que actuaba, sino que estaban hablando con un espejo. Se veían reflejados el uno en el otro, se miraban a los ojos, yo les miraba los ojos y podía ver su reflejo, podía ver ese destello que solamente se tiene con una sola persona en toda la vida. Así eran ellos.
No recuerdo haber visto unas sonrisas tan enormes como las de ellos esa noche. Sus sonrisas fueron grabadas a fuego en mi cerebro ya algo chamuscado, pero jamás voy a olvidarlos, después de todo, de esto ya pasaron 10 años y todavía los sigo viendo en el mismo bar, con las mismas sonrisas y los mismos reflejos en sus ojos.
Entré por sus puertas grandes de madera y vidrio. Miré sus pisos monocromáticos, sus sillas y mesas de madera oscura y su extensa barra. Detrás de esta había un hombre grande, en realidad no era grande era enorme, tan enorme como los viejos vikingos, aunque sin barba. Estaba con otro mas, que estaba sentado frente a el hablando en otro idioma, que no era el del lugar y mucho menos el mío. Me acerqué tímidamente hacia el final de la barra, a medida que avanzaba sentía los ojos del gigante posarse en mi y no alejarse hasta que no me quedé quieto de una buena vez que me senté y le pedi muy amablamente una cerveza a la camarera. Pedí cerveza porque estaba seguro que eso era lo único que me iba a gustar de ese lugar. Sonaba una música en ingles, imposible no reconocer el ingles, dándole un ambiente al lugar bastante acogedor. Pasaron quince minutos y lo veo entrar. Era alto, pelo oscuro, con barba, camisa blanca, pantalón oscuro, su mirada pasaba por todas las mesas, evidentemente estaba eligiendo la mejor opción donde sentarse. Ese juego que hacía su mirada me causaba cierta gracia, ya que haciendo juego con el piso monocromático todo esto se asimilaba a un tablero de ajedrez. Decide sentarse, se acomoda y pide lo mismo que yo, una resfrescante cerveza. Saca un libro, una lapicera y agarra una servilleta. Apoya su celular en la mesa, lo vuelve a guardar, lo vuelve a sacar, estaba nervioso. Entra una chica, el le clava la mirada. No era que estaba nervioso, sino ansioso. Ella lo divisa a la lejanía y se acerca. Vestía una pollera colorida, una remera roja, bordó, no recuerdo, ya iba por la tercer cerveza y mi memoria se pierde con facilidad, sus movimientos inquietaron a algunos personajes de la entrada, pero al ver su caminar decidido, no se atrevieron a molestarla siquiera. Se acerca a la mesa, lo saluda y se sienta. Podía observar en ambos una sonrisa, la misma sonrisa. Recordé que tenía mi libreta y la saqué junto con la lapicera de siempre, tenia que escribir esta escena. Conversaron toda la noche y puedo recordar con seguridad que no existía nadie mas en ese bar que ellos dos y las meseras que ocasionalmente les cambiaban las cervezas. Para ellos no existía nadie mas, a penas podía existir yo. Transcurrieron las horas y entre tanta charla lo vi quebrase por primera vez. El le habla y lloraba como un niño, hacía una fuerza sobrehumana para seguir hablándole, no era una noticia triste la que le estaba dando, sino solo un mal recuerdo. Siguió hablándole hasta que ella hizo justo lo que el necesitaba. Le agarró la mano.
Sostuvo su mano como se sostienen las bolsas del supermercado cuando son muchas, como cuando alguien sube ultimo al colectivo y se tiene que agarrar de la puerta para no caerse, le sostuvo la mano de manera firme y tierna para hacerle saber que no estaba solo, que podía desahogarse todo lo que quisiera y necesitara. Le agarró la mano y le hizo saber que no estaba solo y que jamás iba a apartarse de su lado.
Esa noche los vi exponer a la luz sus fantasmas mas oscuros, sus demonios mas poderosos. Compartieron su pasado mientras los vasos de cerveza iban aumentando, quizás esto era lo que les hacia el dialogo mas fácil, pero a medida que seguía pasando el tiempo, no era el alcohol lo que actuaba, sino que estaban hablando con un espejo. Se veían reflejados el uno en el otro, se miraban a los ojos, yo les miraba los ojos y podía ver su reflejo, podía ver ese destello que solamente se tiene con una sola persona en toda la vida. Así eran ellos.
No recuerdo haber visto unas sonrisas tan enormes como las de ellos esa noche. Sus sonrisas fueron grabadas a fuego en mi cerebro ya algo chamuscado, pero jamás voy a olvidarlos, después de todo, de esto ya pasaron 10 años y todavía los sigo viendo en el mismo bar, con las mismas sonrisas y los mismos reflejos en sus ojos.
18 feb 2016
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